EEUU (MNN) ― El Centro Mundial de Traducción Bíblica nos comparte una historia del sur de Texas. Hace 30 años un prisionero usaba las páginas del Nuevo Testamento para enrollar sus cigarrillos. Cuando un capellán le entregó otro Nuevo Testamento, le pidió que no fumara el libro de Juan. En lugar de ello, el prisionero lo leyó, se convirtió al evangelio y hoy en día, sirve como capellán en tres distintas cárceles del área de Corpus Christi. Este año, ha distribuido más de 300 Biblias Fáciles de Leer entre los internos y recientemente bautizó a 15 de ellos. Oremos porque Dios siga alentando a los ministerios en las cárceles.